martes, 5 de noviembre de 2013

Encuentro

El águila siguió allí escondida, dentro del tronco vacío, recuperándose de sus magulladuras y observando la tranquilidad de aquel claro del bosque. La mayoría del tiempo permanecía vacío y soleado, ella disfrutaba de aquellos días; otras veces, una suave llovizna lo llenaba todo de una fina capa de humedad a la que el águila se resignaba no sin cierta desgana.

martes, 1 de octubre de 2013

Búsqueda


El águila suele ser un animal solitario, desde muy joven aprendió a sobrevivir, a luchar, aunque cierto es que muchas veces le hubiera gustado que no fuera así, que no hiciera falta estar sola y a la vez acompañada por todo el bosque, que no tuviera que matar para seguir viva.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Curiosidad de gato

En estos dias que he ido caminando por la calle solitariamente, en mi intrincado mar mental lleno de corrientes de ideas que no llevan a ninguna parte; me he dado cuenta de algo bastante curioso que hago durante ese tiempo muerto en el que no puedo hacer nada productivo o donde sin, venir a cuento, mi cerebro declara que los conocidos de mi alrededor son objetos de imposible concentración y es mejor centrarse en otras cosas, la de cosas que una aprende de sí misma así sin más... Cuando me dirijo a un encuentro o incluso cuando estoy sentada en cualquier parte, en un bar o en la parada del bus, suelo fijarme en completos desconocidos. Observo sus movimientos, su ropa, su expresion, la forma en la que hablan...
Para mi es como pasear por un jardin lleno de flores y árboles bonitos y feos, reparándome en todos sus colores y sus formas, maravillándome o aborreciendome de cuanto veo.

viernes, 23 de agosto de 2013

Tan alto como un águila.


Me encontraba en mi casa, con sus objetos cotidianos, su sensación acogedora y esa luz tan brillante que lo envolvía todo y me hacía estar feliz como hacía mucho que no lo estaba. Esa luz me rodeaba mientras caminaba por las habitaciones, me despertaba con su calidez por las mañanas, me entretenía en mis tardes vacías, me hacía sentir segura por las noches y, sobre todo, iluminaba mi sonrisa.

miércoles, 14 de agosto de 2013

¡Buh!


Llevo mucho tiempo pensando que hablar del miedo es un asunto que tengo por resolver porque, parece que no, pero muchas veces incluso  contesto  mis propias dudas acerca de algo cuando lo escribo en una entrada.

jueves, 8 de agosto de 2013

Como una ventana abierta

Esta va a ser la última entrada que dedique explícitamente a las virtudes que pienso que todos deberíamos tener en mayor o menor medida. Para acabar, me gustaría hablar sobre algo que mucha gente no sabe ni lo que es, si se come o no se come: la vitalidad.

domingo, 4 de agosto de 2013

¡Patata!

Siguiendo la línea de mi última entrada, voy a seguir hablando sobre otra de las virtudes que más aprecio.
No sé si las tres de la mañana es una buena hora para intentar explicar lo que se me viene a la cabeza, pero como llevo una lata de Nestea encima, no se me ocurre mejor pasatiempo que escribir mientras espero a que regrese el sueño.

miércoles, 31 de julio de 2013

Crossfire


No es la canción que os había prometido pero la estaba escuchando y no he podido resistirme.
 Buenas noches Bloggers.



Palabras vacías


Creo que voy a empezar a adoptar la costumbre de escribir a estas horas de la noche porque me estoy dando cuenta de que me es más inspirador.

martes, 30 de julio de 2013

¿Saber o no saber?



Es una cuestión que, por más que le busque la solución acertada, nunca soy capaz de llegar a ella. Unamuno dedicó varias de sus obras a tratar esta pregunta que, al igual que a mí, lo atormentó durante toda su vida. Por supuesto, no soy una persona tan TAN reflexiva como para que me afecte con la misma magnitud que a él, pero aún así siempre se me presentan situaciones en las que esa pregunta vuelve a aparecer.

Put your records on

                                       

                                      La canción que os prometí, espero que os guste.


lunes, 29 de julio de 2013

Sabio consejo


¿Nunca os habéis preguntado cómo es posible que las madres sean como son? ¿Cómo puede ser una madre tantas cosas distintas a la vez? Psicóloga, interrogadora, cocinera, profesora, guardiana, juez, rastreadora, abogada, modista, cuenta-cuentos, cantante, actriz…

domingo, 28 de julio de 2013

Insana-sanamente


Hoy es una de esas noches en las que me tomo una botella entera de Nestea, no puedo dormir y me siento en la terraza con mi ordenador porque, extrañamente, hoy hace fresquito.  Tranquilos, no puedo hablar de las estrellas y la Luna ya que, por mucho que me empeñe, las nubes no me dejan ver nada.

viernes, 26 de julio de 2013

Agua

Ya que estamos en vacaciones, creo que es el momento perfecto para contaros otras de mis grandes aficiones a lo “Una Soñadora” y es que me encanta sentirme, literalmente, como pez en el agua.

jueves, 25 de julio de 2013

La optimista de incógnito


Hay una cosa curiosa de la que no sé si el mundo se ha dado cuenta: La relación de amor-odio entre el ser humano y el hecho de ilusionarse.

jueves, 13 de junio de 2013

Everything you didn't do...

                  
                       Esta canción no es del del todo actual pero me da un "buen rollo" ... :)

 
"Deberíamos poner un cartel bien grande que dijera:
Somos ciudadanos de todo lo que puedas ver"

lunes, 10 de junio de 2013

Cara de Poker.

Al igual que no podemos permanecer sin respirar, sin comer, sin beber, sin dormir, sin tener esperanza, sin hacer algo mal, sin preocuparnos, sin descansar, sin movernos, sin aprender o sin pensar durante demasiado tiempo. Igual que hay personas que no pueden permanecer un día entero sin leer, cotillear, escuchar música, emborracharse, bailar, enfadarse, criticar, ayudar, trabajar, saciar su curiosidad, hacer ejercicio, molestar, reírse, inventar, escribir, recordar o hacer locuras.

jueves, 6 de junio de 2013

Llámalo “Magia Inspiradora”


¡Qué buena sensación es sentirme inspirada! Esa sensación en la que empiezo a escribir y consigo plasmar justo lo que quiero plasmar en el lugar y en el momento adecuado. Cuando las ideas originales y fantásticas aparecen y se anticipan a tu mano, y tu bolígrafo no cesa de escribir y gastar tinta de forma vertiginosa…

domingo, 2 de junio de 2013

Reflexiones de la soñadora

Siguiendo el hilo de mis últimas entradas, voy a contaros algo curioso que me pasa cuando miro las estrellas (no lo puedo evitar, en otra vida fui un ave nocturna, ya lo sabes). Creo que si lo probáis esta noche os sucederá lo mismo:

viernes, 31 de mayo de 2013

Error humano


Desde que tengo uso de memoria, los mayores siempre me han recordado lo importante que es tener un proyecto futuro  ¿A quién no le han preguntado nunca qué quiere ser de mayor?

sábado, 25 de mayo de 2013

El secreto está en las nubes.



Hará aproximadamente una semana, me quedé mirando las nubes (como ya os dije en mi última entrada). La vista me pareció impresionante- llamadme loca, pero me pasa muchísimas veces-.  Cada vez que lo hago intento guardar la imagen en mi cabeza, como si de una fotografía mental se tratase, las voy coleccionando poco a poco.

martes, 21 de mayo de 2013

Tan normal, tan nuevo, tan brillante como siempre.



“Estaba caminando como cualquier otro día por mi casa, con las ventanas de siempre, las fotos de siempre, las cortinas de siempre… cuando de repente encontré una puerta que nunca había estado allí, era una puerta distinta a las demás  de mi casa: de una belleza exquisita, tal y como yo habría decorado una puerta. Estaba entreabierta, invitándome a entrar; al otro lado no podía verse nada y tal vez fue por eso o por el halo de misterio que despertaba en mí, pero decidí entrar.

lunes, 20 de mayo de 2013

Like a lady with pipa.

Hoy estoy haciendo algo que, por my tonto que parezca, no lo he hecho en mi vida: me he puesto a escribir en un banco. La gente se preguntará qué hace una chica con una libreta roja, muy concentrada, escribiendo en un banco a pleno sol de las cuatro de la tarde. Bueno… pues es… divertido.

sábado, 18 de mayo de 2013

No quiero más dramas



Realmente no me gusta ni la canción ni el vídeo pero la letra me viene como anillo al dedo, así que aquí os lo dejo.





miércoles, 15 de mayo de 2013

Because we can



                   I am a rock not just another grain of sand.




Espero que la disfruteis tanto como yo, a mi siempre me sube el ánimo.

martes, 14 de mayo de 2013

El verdadero protagonista


No sé porqué no he sacado el tema antes, con lo importante que ha sido para la creación de este blog. Tal vez se deba a que es algo tan obvio que se nos olvida mencionarlo. Piensa… un blog, palabras, historias, quebraderos…Exacto, ¡LIBROS!

Para mí son una adicción, tengo una relación de amor-odio con los libros.

Doy a entender que cualquiera de los aquí lectores de mi blog se ha leído alguna vez un buen libro. Sí, son esos libros que te recomienda un amigo, te regala un familiar o que simplemente encuentras por casualidad en un tenderete de la feria del libro. Son ese tipo de libros que al principio pienso: “Voy a la aventura, espero que no decepcione”.

Y empiezo a leer… y a leer… y a leer… Y cuando me doy cuenta estoy casi a oscuras, bizqueando para poder seguir leyendo y con un hambre canina. Dejo el libro, lo cierro lentamente, lo observo, él me observa y parece decirme: “¡No me dejes así, un poco más!”. Y como mi instinto de devora-libros es más fuerte que todo lo demás, vuelvo a él y disfruto del reencuentro.

Oh, los buenos libros, esa clase de libros que puedes leer en el autobús, en un aula ruidosa, mientras caminas, mientras comes o mientras tu familia ve el fútbol. No me digas que no te ha pasado nunca.

Me encanta cómo son capaces de sumergirme hasta lo más profundo de la historia, hasta que parece que estoy yo allí, hasta que parezco un personaje más: sintiendo lo que sienten, viendo lo que ven, creyendo en lo que creen…

Para mí lo más triste de todo es cuando me doy cuenta que estoy llegando al final. ¿Por qué tiene que acabar una historia tan bonita? ¿Por qué no hacen otro libro para que sepa qué pasa después? He aquí porqué he escrito antes que tengo una relación de amor-odio con los libros. Desafortunadamente, termino el libro, me quedo mirando el espacio en blanco, releo la última frase, busco algún indicio de un siguiente libro… siempre me pasa lo mismo porque no quiero que acabe ya, pero finalmente lo cierro poco a poco (con mi típica cara de “pucheros”).

Lo observo, él me observa y se me escapa un suspiro de resignación.

Creo que algo se nos queda dentro después de haber leído esos libros, hay personajes que nunca nos abandonan del todo. De vez en cuando nos pasa algo en nuestra vida y pensamos: “¡Vaya, como en aquel libro!”. No podemos evitar contarle la historia a otro, no podemos evitar hablar de lo bonito que era.

Así es como surge la pasión por escribir, por intentar conseguir que otra persona pase por  lo que yo he explicado que paso cuando leo un buen libro, por hacer que otros se sientan identificados cuando leen mis líneas o, simplemente, por encontrar una vía de escape a todo lo que necesito escribir y que me fascina.
Sé que cualquier buen lector y/o escritor sabe a lo que refiero, así que nunca olvides, buen lector, que cuando todo falle, siempre te quedará ese don tan grande de crear con las palabras.

sábado, 11 de mayo de 2013

A lo Platón.


Bueno, venga, llevo ya un largo tiempo sin escribir y creo que es hora de volver a mis palabras.
He intentado volver a ponerme a escribir antes pero se me venían a la cabeza tantas cosas que es muy complicado ordenarlas. Es de esas veces que te quedas mirando fijamente la pantalla del ordenador con el cursor del ratón sobre el icono de Word y… ya está, ahí se queda porque de repente lo que querías escribir ya se ha ido.

¿Por dónde empiezo?

Creo que voy a volverme Platón  mientras escribo y te voy a hablar de las ideas.

Según mi punto de vista, me he dado cuenta que muchas ideas que se forman en nuestra cabeza (porque alguien las ha puesto ahí o las has creado tu solo), son como un virus que se extiende poco a poco. Cabe decir que aunque lo llame virus no tiene porque ser una idea mala.

El caso es que normalmente no te reafirmas en una idea así por las buenas, al principio la idea pasa a tu alrededor, roza uno de tus dedos, te susurra al oído, te sopla en la cara… pero no te das cuenta de que está cerca y entonces, se cuela en tu cabeza y ahí se queda, tranquila y latente, esperando un empujón que la lance al interior de tu mente.

De repente en tu vida pasa algo: imprevisto, chocante, doloroso… o tal vez sorprendente, esperanzador, dulce… Sea lo que fuere esa idea despierta y por fin consigue el impulso que necesitaba para empezar a adentrarse más y más en nosotros.

Ya no te queda más remedio que darte cuenta de esa nueva idea, solo que al principio reaccionas tal que así: “¿En serio?...Vaya…”. No te explicas cómo ni cuándo has empezado a pensar así  hasta que ya es demasiado tarde. La idea se apodera primero de tus ojos, empiezas a ver las cosas de una forma distinta; después de tus extremidades, detrás de tus acciones está ella; y, por último, esa idea que no era nada, que hasta hacía bien poco te acariciaba desde lejos, se apodera de tu corazón. Y entonces sí estás perdido, para bien o para mal, esa idea se queda a vivir contigo.
Puede que durante todo ese proceso hayas estado triste, ilusionado, escéptico o sorprendido; pero si de algo estoy segura es que has estado confuso, y cuando llega a tu corazón, el doble de todo.

Pero así son las cosas, así son las ideas que siempre nos rondan, a la caza de nuevas cabecitas pensantes. No te preocupes, es normal estar confuso, y te lo dice una experta en la indecisión que todavía no ha aprendido a hacerle caso a la idea hasta que ya está bien dentro.

Quién sabe… a lo mejor quien lea esto no sabe que la idea de todo esto ya está cerca, soplándole a la cara.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Nunca (Final)


Cuatro vientos, seis de la mañana. Miles y miles de personas cansadas después de una noche de tormenta y fuertes emociones. Comienzan a levantarse pesadamente, aún están medio dormidas. El frío se marcha con tranquilidad ante las luces del alba. De todas esas miles de personas, solo tres ya están completamente despiertas.
Las tres se han conocido sin darse cuenta, han adivinado mucho, aunque piensen que es poco; han cambiado sus vidas en solo unos instantes; han visto luz y esperanza, cada uno a su propia manera.
Ya no consiguen verse las caras, la multitud se lo impide; tal vez ya no recuerden cómo eran los rasgos de los otros dos; pero aquella sensación de sentirse formar parte de un momento único no lo olvidarán en mucho tiempo.
Y es que Christian nunca querrá dejar de ser ese Christian, alguien capaz de ver más allá de lo que los demás alcanzan a vislumbrar.
Marta se ha propuesto ser Cassandra, sentirse libre, querida, desinteresadamente feliz.
Y Jérome sin darse cuenta ha aprendido a ser Samuel, persiguiendo su propio paraíso hasta el último momento.
Ciertamente, eso es algo por lo que todos luchamos y por lo que no debemos rendirnos aunque tengamos todo en nuestra contra.
Nunca.
Aunque parezca que nada tiene sentido.
Nunca.
Aunque creas que a nadie le importas, que sin ti nadie perdería nada en su vida, nunca estarás completamente solo.
Nunca.

                                                                       FIN

martes, 9 de abril de 2013

Nunca (Parte 7).


                                                              Capítulo 5

Jérome abre lentamente los ojos y se mira las manos. Permanece así unos minutos, sin pensar en nada, como un cuerpo sin vida, como alguien que ha perdido las ganas de todo.
Tantea el bolsillo de sus pantalones para mirar la hora en su móvil, pero recuerda haberlo dejado ayer en la mochila para que no se mojara con la lluvia. Rebusca entre los trastos, papeles y guías del peregrino, sin éxito. Se maldice a sí mismo por haber sido tan irresponsable, cualquiera podría haberlo robado durante la noche.
De repente sus manos tocan un papel demasiado duro para ser propaganda. Lo saca, con desinterés, hasta que distingue el sobre y la letra redonda y cuidada con la que está escrito su nombre. Una escritura que le recuerda demasiado a la de la persona que le desvela cada noche.
Cada segundo le parece una eternidad mientras sus dedos temblorosos abren el sobre y desdoblan el contenido. Sus ojos leen ávidamente cada línea:

“Querido Jérome:
Aún me cuesta creer que me quieras, pero no porque no te crea, sino porque nunca pensé que te fijarías en alguien tan raro como yo.
Lo cierto es que me enamoré de ti la primera vez que me ayudaste aquel día en el puente.
Si no te respondí en aquel momento fue por miedo a empezar otra relación. Pero ahora estoy completamente segura.
Escondí esta carta en tu mochila mientras te despedías de los niños; espero que la leas cuanto antes, porque no quiero que sufras estando fuera.
Te quiere: Adriane.

Jérome lee la carta dos veces más, absorbiendo cada palabra escrita. ¿Se habrá quedado dormido mientras tenía los ojos cerrados? ¿Sería una broma de mal gusto de su mente?
Otra ráfaga de aire helado le convence de lo contrario.
Vuelve a buscar su móvil y esta vez lo encuentra a la primera, una broma del destino. Busca el número de Adrianne con rapidez y ni siquiera escucha los pitidos de llamada cuando alguien contesta:
-¿Sí?- la voz de su amiga suena malhumorada, la ha despertado.
-Adrianne- en la otra línea reina el silencio, pero la joven ha reconocido la voz al instante. Jérome piensa que se ha enfadado por llamarla a esas horas-. Siento haberte despertado pero es que yo…
-Estúpido…- le corta ella. Su tono de voz cambia de inmediato- Llevo dos noches sin dormir ¿Cuándo pensabas llamarme?
Jérome sonríe por primera vez en mucho tiempo. ¿Cómo no había visto antes el dichoso sobre?

                                                             Capítulo 6

  Marta se quita los auriculares, se siente observada. Mira a los lados y se percata de que no es la única despierta. Dos chicos, cada uno en una dirección distinta, la acompañan desde la distancia. Uno de ellos tiene una cabellera de rizos castaños, pero mira al suelo, así que se gira hacia el otro, que lleva solo una camiseta blanca, haciéndolo parecer aún más pálido. Marta deduce que debe ser británico. No puede saber con exactitud si había estado mirando, pero juraría verlo mover la cabeza hacia otra dirección justo cuando ella se ha dado cuenta de su presencia. Tiene la mirada perdida, no parece que se encuentre allí en ese momento. Un movimiento la distrae. Su amiga se mueve un poco y abre lentamente los ojos. Se sorprende al verla ya incorporada, móvil en mano. Le lanza una somnolienta mirada interrogante:
-¿Has dormido algo?- su voz es un susurro.
Marta la obsequia con una sonrisa franca y menea la cabeza.
Su amiga la acompaña unos minutos y luego vuelve a quedarse dormida.
Marta la mira unos instantes, con una tierna sonrisa. Teniendo amigos como ella, ¿a quién le importa perder unos cuantos peores?

viernes, 8 de marzo de 2013

Try...

 Voy a hacer un alto para poner otra cancion que ya toca.
De nuevo, gracias a todos los que entran en este blog  aunque sea sin querer ;)
Feliz fin de semana.



"But just because it burns doesn't mean you're gonna die.
 You've gotta get up and try, try, try..."


Nunca (Parte 6).


La chica sigue allí sentada, todavía con un amago de sonrisa en el rostro. Algunas personas empiezan a desvelarse, pero no se levantan, observa Christian. Decide centrar su atención en el joven sentado más lejos que su inventada Cassandra. Al contrario de esta, él permanece con los ojos cerrados, inmóvil. Parece mayor y cansado, aunque no debe tener más de veinticinco años.
Su mente vuelve a tomar impulso y ,al cabo de unos segundos, viaja sin rumbo en busca de otra historia con un nuevo nombre: Samuel…
“Samuel”, su nombre es lo primero que recuerda el joven al despertarse. Sin embargo, cuando abre los ojos solo ve oscuridad y el calor asfixiante que emana por las paredes metálicas a su alrededor, amenaza con hacerlo desvanecerse de nuevo. Escucha el sonido atronador de las máquinas a lo lejos. Se encuentra sentado en un estrecho compartimento, su cuerpo demacrado y su ropa hecha girones lo hacen parecer un saco de huesos pálido y débil. Samuel alza la vista: los barrotes del techo le impiden llegar a un cielo sin estrellas, lleno de nubes. Pensando en su situación, vuelve a decirse a sí mismo que su debilidad física no importa, su cabeza sigue con tantas fuerzas como el primer día que despertó allí, encerrado en una noche eternamente oscura.
Una sonrisa irónica se asoma en sus labios resecos, aquello no durará mucho. Tantea los paneles del suelo hasta encontrar el tornillo que dejaron suelto por descuido, o eso piensa él.
La trampilla cede con un leve empujón, revelando un túnel tan oscuro como su celda. Introduce las piernas con mucho cuidado y se desliza poco a poco, temiendo que el mínimo ruido lo delate y venga quien sea que lo haya metido allí. Cuando sus pies tocan el suelo rocoso, una emoción parecida a la esperanza se apodera de él.
Comienza a caminar por el pasadizo, encorvado, debido a las pocas dimensiones del túnel. No sabe hacia dónde le llevará, solo tiene la fe irracional de que será cualquier lugar mejor que su celda. Los estruendos de las máquinas van perdiendo intensidad hasta desaparecer por completo. “Samuel” la adrenalina le ayuda a avanzar… “Samuel”, “Samuel” la voz suave de la libertad hace que sus pasos se apresuren. Al cabo de unos minutos no puede controlar más su ansia por salir de allí y corre, pierde el aliento, se cae, pero se levanta, siempre se levanta. Sonríe sin saber porqué, está tan feliz que se asusta. Su carrera se ve frenada súbitamente, Samuel siente una suave brisa que le acaricia la mejilla… Solo puede significar una cosa.
Corre más rápido si cabe, derrapando en las múltiples curvas del camino ¿aquello es una luz?

La molesta voz de megafonía vuelve a anunciar que se ha perdido una señora mayor en Cuatro Vientos.
Christian suspira y aparece de nuevo sobre su esterilla. “Era una buena historia, ambas lo eran”, piensa, maldiciendo en silencio a la señora al otro lado de los altavoces. Intenta dar con los rostros de Cassandra y Samuel pero esta vez no los encuentra, un barullo de gente comienza a desperezarse y a levantarse.
Se encoge de hombros, agradeciendo mentalmente a aquellas dos personas su desinteresada ayuda para crear dos maravillosas historias.
Christian decide levantarse y volver por completo a su vida real.

domingo, 3 de marzo de 2013

Nunca (Parte 5).


Capítulo 4

Christian se pregunta quiénes pueden ser aquellas dos personas que distingue a duras penas  entre el caos de sacos de dormir que los separa. La primera parece ser una chica bastante joven, sonríe abiertamente a la nada mientras mira al cielo, que va adquiriendo tintes anaranjados conforme pasan los minutos. Seguramente ni siquiera se imagina que un galés como él la observa detenidamente, intentando averiguar si está tan loca como parece, o se esconde algo más tras su mirada soñadora. La chica se gira en su dirección. Pero Christian para entonces ya mira para otro lado, en realidad, a ninguna parte en concreto. Ya tiene lo que necesita para olvidarse del frío que le traspasa la fina tela de su camiseta blanca. Su mente viaja muy lejos de aquellas personas cuando empieza a imaginar una nueva historia.
Se ha convertido en su pasatiempo favorito cuando quiere matar el tiempo. Ha descubierto que puede estar en cualquier parte, con cualquier persona, en cualquier momento… solo con un poco de originalidad e imaginación. Es tan fácil viajar de un mundo a otro que a menudo se ve tentado a olvidarse de los quehaceres de la vida para abandonarse a las miles de historias que aparecen por todas partes.
Decide ponerle un nombre a aquella chica sonriente, se llamará Cassandra. Vive en una de aquellas islas griegas perdidas en el mar. Puede imaginarla recorriendo las calles de piedra, oliendo las flores de las ventanas, robando alguna, guardándola entre sus rizos. Las austeras casas blancas reflejan los rayos de sol que caen en cascada sobre su piel, como a ella tanto le gusta. La calle cada vez se inclina más hacia arriba, pero a ella no le importa. Impulsivamente, echa a correr, sonriendo como una niña pequeña. Casi tropieza con algunas piedras, pero ella ríe con el poco aliento que le queda. Por fin llega al final de la calle, donde la espera, como cada mañana, el balcón de hierro que le deja ver el mar. Las olas chocan contra las rocas a escasos metros de ella y le mojan sus sandalias e incluso el dobladillo del vestido blanco. Nadie la molesta es su rutinaria aventura, como si tuvieran miedo de ser arrollados por su sonrisa y la viveza de sus pasos. Un viento huracanado la alcanza y le revuelve el pelo.
Cassandra abre las manos y recibe su abrazo. 
Existiendo momentos así cada día ¿quién no sería feliz?

La estridente voz de la megafonía anuncia la desaparición de veintisiete niños durante la noche en Cuatro Vientos y devuelve a Christian súbitamente a la realidad, a la dura esterilla y al frío que le rodea.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Nunca (Parte 4).


Adrianne era simplemente maravillosa, cada día a su lado era una aventura en aquel orfanato, acompañado de su sonrisa brillante.
Cualquiera estaría ciego si no se percataba de la química entre ambos. Justo antes de viajar a Madrid se había armado del valor suficiente para decirle lo mucho que la quería. Ella había reconocido su admiración por él y el cariño que le había cogido en tan poco tiempo, por eso mismo, no se atrevía a empezar una relación de ese calibre.
Adrianne le pidió estos días para pensar, y desde entonces su pesadilla se repite cada noche: Ambos están pasando una agradable velada, navegando en un velero por las aguas de mediterráneo, todo parece perfecto cuando inesperadamente una tormenta los arrastra hasta el agua.  Los truenos se tornan amenazantes. Sus manos se rozan por un leve instante antes de que una ola amenazante la aparte de su lado, mientras él nada desesperadamente sin volver a tener un rastro de ella. Gritando su nombre hasta desgañitarse.
Mientras se seca el sudor frío de la frente, intenta volver a respirar con tranquilidad. Su pulso vuelve a su estado normal y poco a poco deja de escuchar el estresante sonido  de las olas. Mira a su alrededor, deduciendo que debe ser muy temprano porque solo ve a otras dos personas sentadas como él, observando cómo todos duermen. Y en ese momento piensa si ellos habrán dormido aquella noche, y los envidia si no lo han hecho.
Cuando se gira hacia el escenario, la luz del alba le entorpece la vista, pero unos segundos después puede ver con claridad y la imagen de aquel cielo le recuerda tanto al cabello de Adrianne que vuelve otra vez a pensar en ella.
¿Habrá pensado en él durante aquellos días? ¿Tendrá ya una respuesta? Y de ser así ¿por qué aún no le ha llamado? ¿Su amistad se verá en peligro si obtiene un no?
Demasiadas dudas, demasiados miedos, la espera le quema por dentro pero no puede hacer nada que cambie los sentimientos de su amiga.
De todas formas, piensa Jérome con tristeza, no alberga demasiadas esperanzas y por si acaso ya ha sacado un billete de tren que le devolverá a París y lo alejará de los que se convertirán en tristes recuerdos sobre Adrianne por las calles de Perigueux.
Cierra los ojos y se abandona al silencio que lo rodea. Es mejor no darle vueltas a lo inevitable.

viernes, 15 de febrero de 2013

Nunca (Parte 3).


Capítulo 3
Jérome había sufrido la misma pesadilla que se repetía desde que abandonó Perigueux, la pintoresca ciudad donde había vivido aquel último año lleno de tantos momentos buenos, como malos.
Todavía recuerda cómo sufrió ante la muerte de sus padres hacía apenas un año durante sus vacaciones en Monte Carlo. El velero alquilado el día antes se hundió durante la tormenta veraniega que surgió sin previo aviso. Dos cuerpos salieron a flote a la mañana siguiente, pero sus vidas seguieron ancladas en el fondo del mar junto a aquel velero.
Nunca se ha perdonado dejarlos solos mientras él leía viendo caer la lluvia por los cristales de la habitación del hotel. Todos le dicen que haciendo eso lo único que ha evitado es su propia muerte y que no debe culparse por ello. Pero Jérome sabe que también podría haberlos convencido de no alquilar el maldito velero.
Sin embargo, su pesadilla no tiene nada que ver con sus padres y no merece la pena darle más vueltas  a su muerte.
Aquel mismo año decidió vivir en Perigueux en el antiguo y modesto ático de su abuela, el cual recibió en herencia.
Probó suerte enviando su currículum a varios colegios para ejercer de profesor de escuela, pero todos lo tachaban por su falta de experiencia.
Hasta que una tarde, paseando por las orillas del Isle vio a una chica, unos años mayor que él, sacando de entre los cubos de basura a dos niños. Uno en sus brazos, el otro agarrado de su mano.
Puede rememorar con todo detalle su pelo rojizo y revuelto de aquel día, y sus ojos color avellana mientras se preguntaba internamente si debía ayudarla u olvidar aquel encuentro con la impresionante mujer.
Se sintió tan insignificante y mediocre a su lado. Él, que es un saco de huesos, alto y con unos molestos rizos castaños que siempre  se las arreglan para entorpecerle la vista, no podría tener ninguna posibilidad con alguien así, por mucho dinero que tuviese.
Enseguida se dio cuenta de que no eran sus hijos, comparando su ropa con los harapos de los pequeños.
Decidió ofrecerse a cargar con el más pequeño. Adrianne, así se llama, le explicó mientras cogía al chico más mayor de la mano que dirigía un orfanato a las afueras de la ciudad donde intentaba educar a aquellos pobre niños que no tienen ninguna oportunidad en la vida.
Aquella declaración conmovió profundamente a Jérome y desde ese instante  decidió hacer  todo lo que estuviera en su mano para ayudarla. Tal vez, pensó, la culpabilidad de la muerte de sus padres le diera un respiro haciendo el bien por los demás.
En efecto, aquello fue como un bálsamo que lo devolvió por completo a la vida. Así comenzó a dar sus primeras clases a niños que en su vida había cogido un lápiz. Ellos también le enseñaron mucho, aunque nunca lo reconocería.

martes, 12 de febrero de 2013

Nunca (Parte 2)


                                              Capítulo 2.

Marta se encuentra en medio de las otras dos personas, cada una en un extremo de su campo de visión. Viste una sudadera oscura y una bandera española que comparte con su compañera de saco (y mejor amiga) le tapa las piernas.
Aún así se estremece, el frío le cala los huesos y ni siquiera puede controlar los temblores cuando acerca las rodillas al pecho.
Las puntas de su pelo castaño asoman por el gorro subido de la sudadera. No es demasiado morena, pero tiene unos ojos castaños profundos y soñadores.
Los acordes tranquilos de una guitarra suenan suavemente en los auriculares de su móvil. No puede creer que haya pasado toda la noche sin dormir, con los ojos cerrados, pensando en lo vivido aquellos días tan intensos en los que se habían sucedido muchas risas, confesiones y lazos de amistad.
 Sin embargo, no todo había sido bueno, Marta también estaba sufriendo ante el descubrimiento de la falsedad que había permanecido escondida durante tanto tiempo en las personas que la rodeaban. Con la dureza del suelo bajo su espalda y los murmullos de los últimos trasnochadores, había tenido tiempo para reflexionar sobre todo aquello, sobre cómo debía dirigir su vida desde aquella noche. De algo estaba segura: Algunas cosas nunca serían como antes. Aquella noche habían aprendido más de lo que todos pensaban.
Aquella noche había sentido decepción y tristeza, pero con la llegada de los primeros rayos de sol, y ante toda aquella serenidad, de repente ya no le parecía tan malo todo lo que le había pasado. Al estar despierta, había podido disfrutar de tan hermosa vista; al mirar a la gente con otros ojos, había aprendido lo que es la verdadera amistad, de la que no lo era. Y lo más importante: al verse tan sola en medio de tanta gente, había descubierto una confianza en sí misma hasta entonces escondida.
Marta sonríe, aunque no sabe muy bien porqué. Se queda así, como una tonta, mirando cómo las estrellas van desapareciendo poco a poco del firmamento y preguntándose si alguna vez volverá a tener una experiencia como aquella, donde el frío deja de importar si puede seguir viendo ese paisaje. Se frota los pies dentro del saco de dormir.
Los acordes de guitarra se marchitan hasta fundirse otra vez con el silencio de la mañana.

domingo, 3 de febrero de 2013

Nunca (Parte 1)


Esto es una cosilla que se me ocurrió gracias a mi experiencia en la JMJ2011, en Madrid. Como es muy larga, la iré poniendo poco a poco... para darle más emoción al asunto...  Aquí os dejo un adelanto:

Capítulo 1. Prefacio.
Cuatro vientos, cuatro de la mañana. Miles y miles de personas cansadas después de una noche de tormenta y fuertes emociones.
Todas duermen manteniendo un silencio inquebrantable ante las primeras luces del alba, que comienzan a asomar por detrás del gran escenario blanco donde Benedicto XVI se pronunció hace solo unas horas.
De todas esas miles de personas, sólo tres destacan entre la multitud; tres jóvenes que permanecen despiertos a pesar del cansancio y el extraño frío que ha surgido a mediados de agosto. Sentados en sus esterillas miran de un lado a otro, percatándose de la mágica quietud que los rodea: ni un murmullo, ni el sonido de los pájaros, ni un ruido de coche.
 Están lejos unos de otros, tanto, que apenas se distinguen las caras. Nunca han hablado, nunca han cruzado una mirada, y sin embargo, algo en su interior les dice que están conectados; y se sienten como una parte importante de un selecto grupo gracias al cual ahora contemplan la misma inmensidad del mar en calma de personas que los envuelve. Cada una de sus preocupaciones se ha esfumado en esos breves instantes en los que sus vidas han decidido encontrarse…


domingo, 27 de enero de 2013

Diminuta Yo


Tengo una hora entera para escribir, pero como hoy estoy bastante animada, porque he decidido dejar pasar todo y ser la buenísima persona que seguro puedo ser, hoy voy a hacer algo distinto y voy a inventar.
Por la ventana de la sala de exámenes se distingue el muro de ladrillos anaranjados del instituto, y más allá, veo un árbol que podría ser algo parecido a un sauce y un eucalipto (admito que no tengo mucha idea de botánica). Desde mi punto de vista, el Sol le da de frente. Tras él solo queda la inmensidad del cielo azul y brillante que me recuerda a los principios de verano. Aún con las ventanas cerradas, se escucha cantar a los pájaros y, de vez en cuando, alguno aparece y desaparece entre las ramas del árbol.
Comenzaré a inventar:  Por unos instantes voy a ser tan diminuta que podría imaginarme perfectamente viviendo en ese árbol. Viendo cada mañana, desde las ramas más altas cómo el Sol comienza a brillar sobre mi cara para calentarme los huesos. Estoy segura de que le regalaría al Sol una sonrisa y después  miraría a todas partes con las fascinantes vistas que podría tener desde allí.

Me encantaría agarrarme a una rama y columpiarme cuando sople el viento, investigar cada recoveco de ese árbol descubriendo cada día  un lugar nuevo donde tumbarme a descansar, a cantar, a jugar, a pintar… Me dedicaría a saltar entre las delgadas ramitas cuando por fin ganara la confianza y el equilibrio necesario para hacerlo y me reiría como una niña viendo cómo los pájaros me acercan la cabeza para que les haga cosquillas en el cuello. Creo que incluso sería capaz de agarrar una hoja por cada extremo y tirarme al vacío, gritando, cerrando los ojos con fuerza y gritando aún más fuerte cuando volviera a abrirlos.
Bajaría por las ramas del gran árbol como si fueran un alocado tobogán hasta llegar al suelo para beber agua y darme un baño mientras lo riegan. Vería todas las mañanas a esas enormes personas del instituto cercano, gritando, persiguiéndose con la mirada, intentando comprobar quién rie más fuerte. Quizás incluso viera a una aumentada copia de mí, pero seguramente no idéntica, porque ella caminaría de forma más insegura, con una sonrisa un poco rígida y una mirada seria de alguien que por las circunstancias ha crecido demasiado rápido…  Mi diminuta yo comprendería entonces que hay golpes que no dejan marcas por fuera.
Cuando llegara la noche, buscaría un lugar bonito y seguro desde donde observar las estrellas, quizás dormiría cómodamente acurrucada entre las plumas de un gorrión y lo haría con la sonrisa de quien espera un día tan maravilloso como el anterior.
Algunas veces deseamos volver a ser niños, tener esa alegre fascinación por todo lo que nos rodea, por muy simple que sea. Es cierto que no podemos volver a ser niños, pero una parte de lo que fuimos  debería quedarse siempre con nosotros. Por mi parte, mi diminuta yo irá siempre saltando de árbol en árbol donde quiera que yo vaya. Quizás me esté observando ahora mismo desde ese árbol que miro a través de la ventana, saludándome tan feliz para recordarme que muchas veces lo que necesitamos es confiar más en quien realmente somos. 

miércoles, 16 de enero de 2013

HO HEY

                   

                No lo he podido evitar, acabo de descubrir esta canción y ya me encanta.

                               " No sé adonde pertenezco.
                                No sé donde me equivoqué.
                                Pero puedo escribirte una canción..."



La intención de crear.


Voy a ver qué escribo cuando no sé sobre qué escribir.
De acuerdo, he empezado mal porque me he quedado mirando la primera frase sin saber cómo continuar, como si leyéndola muchas veces fuera a encontrar las palabras.
Cómo me fastidia la falta de imaginación, quedarme sin musas, se han ido tan rápido como… como cuando el viento se lleva las hojas de un árbol. Ahora mismo soy un árbol de otoño, queriendo  volver a tener su viveza (sus hojas, sus flores) pero sin poder conseguirlo. Esto sucede muchas veces y lo encuentro normal, no puedo estar  siempre con flores a mi alrededor  que me susurren de forma suave  para que la idea entre poco a poco en mi cabeza.
Mis flores pueden ser de muchos colores (vaya cursilería acabo de escribir), pero lo que me susurra ahora es ese viento que se las lleva a quién sabe dónde. Pero no pasa nada, a falta de flores, bueno es el viento.
Como el viento incoloro, esta obra no tiene un tema concreto, ni una idea maravillosa, pero sigue siendo una obra interesante porque:  ¿quién escribe cuando no  tiene ni idea de qué va a salir por la punta de su lápiz? Pues alguien como yo. No suelo ser irracional, pero a veces puedo serlo y, aunque no siempre me divierte, al menos surge algo… distinto.

¿Qué más da que me tomen por escritora incompetente?  Son palabras, mejor dicho: son mis palabras. No son más importantes que otras, pero tampoco hay palabras que sean más importantes que las mías. Quiero decir, todos podríamos escribir, poner nuestro granito de arena en este extraño mar que es la escritura, cada persona puede sacar algo nuevo, sugerente u original. Solo se necesita  intención de crear.
Puede haber personas a las que no les guste esto y también habrá personas que les parecerá bonito o gracioso.
En fin, mejor vuelvo al tema de no saber qué escribir. Creo recordar que una vez hubo una rama de poetas que se dedicaba a escribir cosas sin sentido. Pero, atención,  no es lo mismo que hago yo: yo escribo cosas con sentido (aunque puede que no lo parezca, solo hay que pensar un poco), pero no tienen un fin. Estos señores si tenían un fin, aunque solo ellos lo supieran.
He leído todo  lo que llevo y reconozco que es bastante extraño, todas son palabras perdidas, tiempo perdido pero a la vez aprovechado. Podría seguir así indefinidamente sin buscar el fin de mis pensamientos, pero es más fácil dejar que en cada uno surjan los suyos propios.
Voy a dejar de escribir y voy a ver qué hago cuando no sé qué hacer.

sábado, 12 de enero de 2013

A Team

              Pega bastante con el paisaje nublado que veo desde mi ventana. Feliz Fin de Semana.


miércoles, 9 de enero de 2013

La Risa del Reloj.


Estoy tan aburrida…
Me duermo… mi mente se va tan lejos que ni siquiera puedo sostener el lápiz y pensar con coherencia a la vez. Centro toda mi atención en no dormirme.  Mis ojos se cierran poco a poco, me cuesta separar los párpados y, cuando muevo la cabeza, parece que las imágenes no quieren quedarse atrás, mientras las nuevas permanecen recelosamente borrosas.
Es tan extraño… no poder centrarse en una voz cuando intentas con todas tus fuerzas hacer de la clase de filosofía algo entretenido. Pero no puedo, es imposible, me pesa la cabeza, tengo ganas de recostarme en mis brazos sobre la mesa y cerrar los ojos sin importar lo demás, solo cinco minutos… ¿Qué podría soñar?
Ojala estuviera en una playa desierta, tirada en la arena, escuchando el sonido de las olas al romper en la orilla.
Al menos no soy la única que sueña, un chico acaba de soltar un bufido mientras se golpea suavemente a ambos lados de la cara, enfocando la vista; otros realmente están prestando atención, los envidio, no podría estar con ellos por mucho esfuerzo que pusiera.
Intento escribir para que pase el tiempo, ya que me duelen los dedos de haberme quitado la pintura de uñas; dibujar ahora solo hace que me entre más sueño.
De vez en cuando capto una parte de la charla, pero soy incapaz de mantenerme así durante más de tres minutos, es como cuando te pierdes el principio de una película y te quedas mirando imágenes sin sentido, sin comprender realmente de qué iba la historia hasta que se encienden las luces (aunque en mi caso, hasta que suene la campana).
El tiempo no pasa, el reloj va en mi contra; cada vez que lo observo parece estar burlándose de mí con la risa de su segundero, destrozando mis ilusiones.
Tengo alguien al lado que me mira pensando cómo puedo escribir tanto en una clase de filosofía. Pero de repente es esa persona  la que escribe, solo que ella sí está escribiendo lo que debería, mientras que yo no; y también está despertando mi preocupación sobre si esta clase se ha tornado importante sin yo darme cuenta.
De todas formas ya no puedo hacer más que seguir cavilando con la esperanza de aclarar las ideas más tarde. Al menos por el momento,  mis ojos se han vuelto a abrir completamente, pero sigo captando anotaciones que no llevan a ninguna parte.

El tiempo empieza a sonreírme, pero no por eso hará que me guste, odio el tiempo. El tiempo juega con nosotros de una forma que me intimida: cuando deseas que se detenga  (como cuando te despiertas un lunes a las seis de la mañana), hace todo lo contrario, mientras que cuando quieres que pase rápido (como cuando te encuentras en la cola del súper y sabes que va para largo), lo único que puedes hacer para conseguirlo es dormir.
En resumen, el tiempo juega con nosotros, así es como se divierte; y a nosotros nos toca lidiar con ello de la mejor forma posible, en mi caso, escribiendo hasta que suene la campana.

jueves, 3 de enero de 2013

No estés triste


Me he dado cuenta de que últimamente solo escribo cosas tristes, no quiero que alguien lea esto y se imagine tras estas líneas a una persona con una depresión perpetua. Aunque es verdad que mi punto fuerte para escribir son este tipo de emociones, no me gustaría que estas páginas deprimieran a cualquiera; así que hoy me apetece hablar de algo completamente distinto, porque en nuestras vidas ya hay demasiadas tragedias como para añadir más.
El tema que he escogido es uno que, cuando lo pienso, lo leo o lo escucho, siempre me saca una sonrisa con una pizca de nostalgia mezclada con una alegre incertidumbre: Las vacaciones.
Sí, parece que uno lee esta dulce palabra y se relaja al instante.
 Las vacaciones pueden servir para muchas cosas distintas: para ir a la playa o a la montaña, a la piscina o al mar, en avión o en coche;  para conocer a personas nuevas o para reencontrarse con las conocidas; para relajarse o para vivir al límite; para reinsertarse en el mundo o para escapar de él; para hacer de todo o para no hacer absolutamente nada; para encontrar el amor de dos meses más perfecto de toda tu vida o para aprovechar las horas muertas con la persona que te quiso, te quiere y esperas que te quiera para siempre… En vacaciones, todo es posible.
En cuanto a mí, prefiero mis días tirada al sol como un reptil, junto a las personas que me quieren, con las que puedo sonreir o estar seria sin pararme a pensar si debo estarlo o no. Tener el mar cerca de mis oídos, dar largos paseos por lugares que nunca he visto, no preocuparme por nada ni por nadie si no quiero hacerlo. Sentirme bien, reir hasta que me duela, volar tan lejos como mis alas me lo permitan. Comer helado hasta que se me congele el cerebro, compartir unos refrescos con los amigos durante horas y horas, disfrutar de las barbacoas familiares mientras pienso todo el tiempo que ha pasado desde que  los conozco y sorprenderme pensando que mi cariño hacia ellos no ha hecho sino aumentar. Jugar con las olas del mar hasta marearme para poder sentir más tarde, mientras duermo, el ir y venir del agua como si todavía estuviera zarandeándome…
Pero no acabo aquí: también quiero tener noches inolvidables, con risas que reboten en la oscuridad, conversaciones hasta el amanecer (e incluso después), locuras de la madrugada, la mirada de la luna llena y de las millones de estrellas que la rodean cuando no hay luces que las espanten; quiero bailar hasta que los pies no puedan con mi cuerpo, conocer a amigos que me duren media vida.
Quiero estas y muchas más cosas, aunque sé que peco de ambiciosa al menos  espero que este verano sea tan único como los demás.
En realidad, estoy segura de que habrá días que me aburriré tanto, tanto, que me entrarán ganas de escribir o a lo mejor ni eso. Habrá días que incluso tendré ganas de que no haya vacaciones para tener al menos algo que hacer. Yo soy así, no puedo evitar que renazca mi naturaleza inquieta, necesito estar haciendo algo para poder desear no hacer nada.



Volviendo al principio, puede que esta no sea la mejor de mis obras, pero estoy segura de que he conseguido que algún lector sueñe con mis sueños y, por lo menos, serán sueños felices.