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domingo, 22 de febrero de 2015

Luz celestial


Escrita en colaboración con Pepe G. Cervera, escritor del blog "Impredeciblemente en Blanco y Negro".

Yo soy un hombre normal, creía ser normal, sin destacar en nada aparentemente, sólo creía lo que mis ojos veían, para mi no había más mundo más allá de las fronteras de nuestra aldea, sin más rumbo que mi rutina diaria, despertar del que podía ser un bonito sueño, desayunar lo que seguramente sería mi único alimento del día, sentir el abrasador sol africano sobre mis hombros, luchar porque la llama de la inocencia nunca se apagara de los ojos de mis hijos y, si continuaba vivo, volver a dormir para lidiar con esta vida que me había tocado en suerte vivir.

viernes, 13 de febrero de 2015

Donde se confunden los sueños


Mi mente viajaba muy lejos mientras mis ojos se perdían en los cambiantes haces de luz que el mar me regalaba cuando el Sol comenzaba a esconderse, y mis pies se hundían poco a poco entre la arena de la orilla de aquella pequeña cala. Habían pasado cinco años de mi joven existencia desde el frío invierno en el que me topé con aquel extraño copo de nieve que cambió mi vida y mi mundo para siempre.

domingo, 1 de febrero de 2015

Donde nace la luz

Dicen que llega un momento en nuestra vida en el que nos damos cuenta que no es aquello que nos rodea lo que se transforma con el paso del tiempo, dejando a su paso un sentimiento de incomprensible añoranza por algo que a simple vista sucede siempre igual, no, hay un instante de nuestras vidas en el que por fin comprendemos que somos nosotros mismos los que hemos cambiado, que nuestros ojos y corazón ya no reaccionan igual porque comprenden el mundo de una forma mucho más compleja, llena de pequeños matices que antes se nos escapaban. En mi caso todo eso sucedió mucho antes de lo que pensáis...

domingo, 28 de diciembre de 2014

Volví.


=> "A ti."

Mientras mi querido amigo el muñeco de esparto se encargaba de escribir con parsimonia aquella frase inolvidable que por fin me ayudaría a llegar hasta el mago, no podía dejar de observar con curiosidad mi pequeña caja de música. Por cada vuelta que daba entre mis manos, me preguntaba si aún podría guardarme otra nueva sorpresa y a la vez no podía darle sentido a cómo llegó tan extraño objeto a las manos de aquel viejo buhonero, y más aún, cómo supo adivinar que yo debía ser su nueva dueña. Sea como fuere, preferí no pensar demasiado en ello porque, puestos a dudar, realmente todo aquello carecía de algún sentido aparte de aquel que yo decidí darle en cuanto me desperté de aquel sueño sin fondo, en mi torre en el mar, junto a la muñeca que tan pacientemente esperaba mi regreso.

martes, 11 de noviembre de 2014

A ti.

Me había olvidado por completo de la existencia de aquel pequeño muñeco de esparto. Aquel que antaño lucía siempre una sonrisa, aquel cuya alma resplandecía más que el Sol, el ser más optimista que en mi vida hubo sobre la faz de la Tierra; ahora intentaba protegerse inútilmente de mí entre unas temblorosas manos de trapo, inmensamente distinto tras mi ausencia.
-Eh, soy yo ¿No me recuerdas? Vamos, no voy a hacerte daño.- susurré con la voz más suave que pude, temiendo que una sola nota discordante lo rompiera en pedazos.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Muy cerca.



De todos los sucesos sorprendentes que había experimentado desde mi despertar -como encontrar una cajita de música encantada, derrotar a una tormenta o volar sobre el mar- fue aquel momento, sin duda, el que aún concibo como el más mágico, bello e inolvidable de todos:

lunes, 28 de julio de 2014

Solo un susurro.



Quizás, si el viejo y llamativo buhonero no hubiera puesto aquella pequeña caja de música entre mis manos, nunca hubiera reparado en ella. Aquella cajita parecía recién sacada de uno de mi muchos sueños, en su tapa color arena aparecían dibujados en tonos marrones la silueta de un águila a lo lejos, sobrevolando una montaña cubierta por un bosque frondoso y, más allá, otra silueta mayor, la de un lobo que se aproximaba a la montaña.

jueves, 3 de julio de 2014

Te sentí.



Mientras mantenía los ojos cerrados, disfrutando del sol en mi rostro y sintiendo cómo las telas de mi vestido blanco comenzaban a secarse y a separarse de mi cuerpo, pensé que así, con el mar en calma, el silencio imperante y aquel calor tan reconfortante, sería capaz de pasar el resto del día allí sentada entre la yerba y las pequeñas flores que apenas temblaban con la brisa marina; la verdad es que no recuerdo exactamente cuánto tiempo permanecí allí, con la mente navegando por un mar de plata, que casi consiguió arrastrarme de vuelta a la niebla, cuyas ondulantes y sugerentes brumas parecían llamarme una y otra vez.

jueves, 26 de junio de 2014

Triste.



Por un instante, mientras sobrevolaba las olas, cada vez más embravecidas, dudé seriamente si introducirme en aquella masa de nubes oscuras que parecían mantenerse unidas por lazos de centelleantes relámpagos sería la mejor opción. Busqué al águila con la mirada y vi que no se había separado de mí ni un ápice, su vuelo era firme, como su mirada fija en el frente. Decidí que si ella no tenía miedo, yo tampoco debía tenerlo; sin embargo, no pude evitar sentir cómo en mi interior comenzaba a formarse mi propia tempestad.

jueves, 19 de junio de 2014

Bella.



Salté con los brazos extendidos, mientras el viento enredaba mis piernas entre los pliegues de la suave tela blanca del vestido que cubría mi cuerpo, en el que hasta aquel momento no había reparado porque, a pesar de la calma transmitida por mi pequeña muñeca de porcelana, mi mente no había cesado de mantenerse en ebullición- en un tumulto de pensamientos tanto tristes como esperanzados. Pero en aquel instante, cuando me encontraba a media distancia entre la ventana de piedra y las rocas que las olas engullían de forma incesante, deduje en medio segundo que debía mantenerme con vida antes siquiera de empezar a buscar al mago, y el hecho de estar cayendo hacia las rocas no iba a ayudarme a conseguirlo, de igual forma, tampoco me supondría una gran ayuda imaginar fatídicos finales en los no conseguía llegar a él a tiempo.

jueves, 12 de junio de 2014

En el mar.



La voz del mago seguía haciendo eco en mi corazón aún pasados unos minutos en los que permanecí inmóvil y estupefacta mientras intentaba inútilmente pensar con claridad, como si sus palabras retumbaran en las paredes de una cueva que era mi corazón y, como tal, parecía vacío y frío, pero latiendo.

jueves, 5 de junio de 2014

Como la niebla.



Os invito a seguir mi historia, o tal vez nuestra historia, la de él, la mía.

“Para el mago de las palabras, para el lobo del bosque, para aquel que cree y se equivoca al afirmar que únicamente soy yo la musa.”

jueves, 16 de enero de 2014

Mi regalo: Eternidad (2)


En la oscuridad y sin ser vista se posó en un tejado justo en frente del edificio donde aquel humano vivía. Una luz se encendió dentro y, a través de la ventana, pudo reconocerlo quitándose el abrigo con el ceño fruncido, como si el ambiente de la ciudad le resultara tan profundamente asfixiante como a ella. Comenzó a trastear algo que se encontraba fuera de su campo de visión y los suaves acordes de una guitarra se desbordaron poco a poco a través de la ventana hasta llegar a sus oídos… “and she’s buying a stairway to Heaven”. El águila cerró los ojos y se abandonó al sueño.

jueves, 9 de enero de 2014

Mi regalo: Eternidad (1)


Como si se hubiera convertido en una nueva rutina, el águila alzó el vuelo y  planeó recorriendo todos los confines del bosque, buscando al lobo blanco. Con la llegada de cada atardecer, realizaba el mismo viaje, recorriendo cada rincón de maleza con su potente vista, esperando encontrar un milagroso destello blanco del pelaje de su nuevo amigo, aunque realmente se le antojase una vieja amistad.

martes, 5 de noviembre de 2013

Encuentro

El águila siguió allí escondida, dentro del tronco vacío, recuperándose de sus magulladuras y observando la tranquilidad de aquel claro del bosque. La mayoría del tiempo permanecía vacío y soleado, ella disfrutaba de aquellos días; otras veces, una suave llovizna lo llenaba todo de una fina capa de humedad a la que el águila se resignaba no sin cierta desgana.

martes, 1 de octubre de 2013

Búsqueda


El águila suele ser un animal solitario, desde muy joven aprendió a sobrevivir, a luchar, aunque cierto es que muchas veces le hubiera gustado que no fuera así, que no hiciera falta estar sola y a la vez acompañada por todo el bosque, que no tuviera que matar para seguir viva.

viernes, 23 de agosto de 2013

Tan alto como un águila.


Me encontraba en mi casa, con sus objetos cotidianos, su sensación acogedora y esa luz tan brillante que lo envolvía todo y me hacía estar feliz como hacía mucho que no lo estaba. Esa luz me rodeaba mientras caminaba por las habitaciones, me despertaba con su calidez por las mañanas, me entretenía en mis tardes vacías, me hacía sentir segura por las noches y, sobre todo, iluminaba mi sonrisa.

martes, 21 de mayo de 2013

Tan normal, tan nuevo, tan brillante como siempre.



“Estaba caminando como cualquier otro día por mi casa, con las ventanas de siempre, las fotos de siempre, las cortinas de siempre… cuando de repente encontré una puerta que nunca había estado allí, era una puerta distinta a las demás  de mi casa: de una belleza exquisita, tal y como yo habría decorado una puerta. Estaba entreabierta, invitándome a entrar; al otro lado no podía verse nada y tal vez fue por eso o por el halo de misterio que despertaba en mí, pero decidí entrar.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Nunca (Final)


Cuatro vientos, seis de la mañana. Miles y miles de personas cansadas después de una noche de tormenta y fuertes emociones. Comienzan a levantarse pesadamente, aún están medio dormidas. El frío se marcha con tranquilidad ante las luces del alba. De todas esas miles de personas, solo tres ya están completamente despiertas.
Las tres se han conocido sin darse cuenta, han adivinado mucho, aunque piensen que es poco; han cambiado sus vidas en solo unos instantes; han visto luz y esperanza, cada uno a su propia manera.
Ya no consiguen verse las caras, la multitud se lo impide; tal vez ya no recuerden cómo eran los rasgos de los otros dos; pero aquella sensación de sentirse formar parte de un momento único no lo olvidarán en mucho tiempo.
Y es que Christian nunca querrá dejar de ser ese Christian, alguien capaz de ver más allá de lo que los demás alcanzan a vislumbrar.
Marta se ha propuesto ser Cassandra, sentirse libre, querida, desinteresadamente feliz.
Y Jérome sin darse cuenta ha aprendido a ser Samuel, persiguiendo su propio paraíso hasta el último momento.
Ciertamente, eso es algo por lo que todos luchamos y por lo que no debemos rendirnos aunque tengamos todo en nuestra contra.
Nunca.
Aunque parezca que nada tiene sentido.
Nunca.
Aunque creas que a nadie le importas, que sin ti nadie perdería nada en su vida, nunca estarás completamente solo.
Nunca.

                                                                       FIN

martes, 9 de abril de 2013

Nunca (Parte 7).


                                                              Capítulo 5

Jérome abre lentamente los ojos y se mira las manos. Permanece así unos minutos, sin pensar en nada, como un cuerpo sin vida, como alguien que ha perdido las ganas de todo.
Tantea el bolsillo de sus pantalones para mirar la hora en su móvil, pero recuerda haberlo dejado ayer en la mochila para que no se mojara con la lluvia. Rebusca entre los trastos, papeles y guías del peregrino, sin éxito. Se maldice a sí mismo por haber sido tan irresponsable, cualquiera podría haberlo robado durante la noche.
De repente sus manos tocan un papel demasiado duro para ser propaganda. Lo saca, con desinterés, hasta que distingue el sobre y la letra redonda y cuidada con la que está escrito su nombre. Una escritura que le recuerda demasiado a la de la persona que le desvela cada noche.
Cada segundo le parece una eternidad mientras sus dedos temblorosos abren el sobre y desdoblan el contenido. Sus ojos leen ávidamente cada línea:

“Querido Jérome:
Aún me cuesta creer que me quieras, pero no porque no te crea, sino porque nunca pensé que te fijarías en alguien tan raro como yo.
Lo cierto es que me enamoré de ti la primera vez que me ayudaste aquel día en el puente.
Si no te respondí en aquel momento fue por miedo a empezar otra relación. Pero ahora estoy completamente segura.
Escondí esta carta en tu mochila mientras te despedías de los niños; espero que la leas cuanto antes, porque no quiero que sufras estando fuera.
Te quiere: Adriane.

Jérome lee la carta dos veces más, absorbiendo cada palabra escrita. ¿Se habrá quedado dormido mientras tenía los ojos cerrados? ¿Sería una broma de mal gusto de su mente?
Otra ráfaga de aire helado le convence de lo contrario.
Vuelve a buscar su móvil y esta vez lo encuentra a la primera, una broma del destino. Busca el número de Adrianne con rapidez y ni siquiera escucha los pitidos de llamada cuando alguien contesta:
-¿Sí?- la voz de su amiga suena malhumorada, la ha despertado.
-Adrianne- en la otra línea reina el silencio, pero la joven ha reconocido la voz al instante. Jérome piensa que se ha enfadado por llamarla a esas horas-. Siento haberte despertado pero es que yo…
-Estúpido…- le corta ella. Su tono de voz cambia de inmediato- Llevo dos noches sin dormir ¿Cuándo pensabas llamarme?
Jérome sonríe por primera vez en mucho tiempo. ¿Cómo no había visto antes el dichoso sobre?

                                                             Capítulo 6

  Marta se quita los auriculares, se siente observada. Mira a los lados y se percata de que no es la única despierta. Dos chicos, cada uno en una dirección distinta, la acompañan desde la distancia. Uno de ellos tiene una cabellera de rizos castaños, pero mira al suelo, así que se gira hacia el otro, que lleva solo una camiseta blanca, haciéndolo parecer aún más pálido. Marta deduce que debe ser británico. No puede saber con exactitud si había estado mirando, pero juraría verlo mover la cabeza hacia otra dirección justo cuando ella se ha dado cuenta de su presencia. Tiene la mirada perdida, no parece que se encuentre allí en ese momento. Un movimiento la distrae. Su amiga se mueve un poco y abre lentamente los ojos. Se sorprende al verla ya incorporada, móvil en mano. Le lanza una somnolienta mirada interrogante:
-¿Has dormido algo?- su voz es un susurro.
Marta la obsequia con una sonrisa franca y menea la cabeza.
Su amiga la acompaña unos minutos y luego vuelve a quedarse dormida.
Marta la mira unos instantes, con una tierna sonrisa. Teniendo amigos como ella, ¿a quién le importa perder unos cuantos peores?