lunes, 20 de mayo de 2013

Like a lady with pipa.

Hoy estoy haciendo algo que, por my tonto que parezca, no lo he hecho en mi vida: me he puesto a escribir en un banco. La gente se preguntará qué hace una chica con una libreta roja, muy concentrada, escribiendo en un banco a pleno sol de las cuatro de la tarde. Bueno… pues es… divertido.

sábado, 18 de mayo de 2013

No quiero más dramas



Realmente no me gusta ni la canción ni el vídeo pero la letra me viene como anillo al dedo, así que aquí os lo dejo.





miércoles, 15 de mayo de 2013

Because we can



                   I am a rock not just another grain of sand.




Espero que la disfruteis tanto como yo, a mi siempre me sube el ánimo.

martes, 14 de mayo de 2013

El verdadero protagonista


No sé porqué no he sacado el tema antes, con lo importante que ha sido para la creación de este blog. Tal vez se deba a que es algo tan obvio que se nos olvida mencionarlo. Piensa… un blog, palabras, historias, quebraderos…Exacto, ¡LIBROS!

Para mí son una adicción, tengo una relación de amor-odio con los libros.

Doy a entender que cualquiera de los aquí lectores de mi blog se ha leído alguna vez un buen libro. Sí, son esos libros que te recomienda un amigo, te regala un familiar o que simplemente encuentras por casualidad en un tenderete de la feria del libro. Son ese tipo de libros que al principio pienso: “Voy a la aventura, espero que no decepcione”.

Y empiezo a leer… y a leer… y a leer… Y cuando me doy cuenta estoy casi a oscuras, bizqueando para poder seguir leyendo y con un hambre canina. Dejo el libro, lo cierro lentamente, lo observo, él me observa y parece decirme: “¡No me dejes así, un poco más!”. Y como mi instinto de devora-libros es más fuerte que todo lo demás, vuelvo a él y disfruto del reencuentro.

Oh, los buenos libros, esa clase de libros que puedes leer en el autobús, en un aula ruidosa, mientras caminas, mientras comes o mientras tu familia ve el fútbol. No me digas que no te ha pasado nunca.

Me encanta cómo son capaces de sumergirme hasta lo más profundo de la historia, hasta que parece que estoy yo allí, hasta que parezco un personaje más: sintiendo lo que sienten, viendo lo que ven, creyendo en lo que creen…

Para mí lo más triste de todo es cuando me doy cuenta que estoy llegando al final. ¿Por qué tiene que acabar una historia tan bonita? ¿Por qué no hacen otro libro para que sepa qué pasa después? He aquí porqué he escrito antes que tengo una relación de amor-odio con los libros. Desafortunadamente, termino el libro, me quedo mirando el espacio en blanco, releo la última frase, busco algún indicio de un siguiente libro… siempre me pasa lo mismo porque no quiero que acabe ya, pero finalmente lo cierro poco a poco (con mi típica cara de “pucheros”).

Lo observo, él me observa y se me escapa un suspiro de resignación.

Creo que algo se nos queda dentro después de haber leído esos libros, hay personajes que nunca nos abandonan del todo. De vez en cuando nos pasa algo en nuestra vida y pensamos: “¡Vaya, como en aquel libro!”. No podemos evitar contarle la historia a otro, no podemos evitar hablar de lo bonito que era.

Así es como surge la pasión por escribir, por intentar conseguir que otra persona pase por  lo que yo he explicado que paso cuando leo un buen libro, por hacer que otros se sientan identificados cuando leen mis líneas o, simplemente, por encontrar una vía de escape a todo lo que necesito escribir y que me fascina.
Sé que cualquier buen lector y/o escritor sabe a lo que refiero, así que nunca olvides, buen lector, que cuando todo falle, siempre te quedará ese don tan grande de crear con las palabras.

sábado, 11 de mayo de 2013

A lo Platón.


Bueno, venga, llevo ya un largo tiempo sin escribir y creo que es hora de volver a mis palabras.
He intentado volver a ponerme a escribir antes pero se me venían a la cabeza tantas cosas que es muy complicado ordenarlas. Es de esas veces que te quedas mirando fijamente la pantalla del ordenador con el cursor del ratón sobre el icono de Word y… ya está, ahí se queda porque de repente lo que querías escribir ya se ha ido.

¿Por dónde empiezo?

Creo que voy a volverme Platón  mientras escribo y te voy a hablar de las ideas.

Según mi punto de vista, me he dado cuenta que muchas ideas que se forman en nuestra cabeza (porque alguien las ha puesto ahí o las has creado tu solo), son como un virus que se extiende poco a poco. Cabe decir que aunque lo llame virus no tiene porque ser una idea mala.

El caso es que normalmente no te reafirmas en una idea así por las buenas, al principio la idea pasa a tu alrededor, roza uno de tus dedos, te susurra al oído, te sopla en la cara… pero no te das cuenta de que está cerca y entonces, se cuela en tu cabeza y ahí se queda, tranquila y latente, esperando un empujón que la lance al interior de tu mente.

De repente en tu vida pasa algo: imprevisto, chocante, doloroso… o tal vez sorprendente, esperanzador, dulce… Sea lo que fuere esa idea despierta y por fin consigue el impulso que necesitaba para empezar a adentrarse más y más en nosotros.

Ya no te queda más remedio que darte cuenta de esa nueva idea, solo que al principio reaccionas tal que así: “¿En serio?...Vaya…”. No te explicas cómo ni cuándo has empezado a pensar así  hasta que ya es demasiado tarde. La idea se apodera primero de tus ojos, empiezas a ver las cosas de una forma distinta; después de tus extremidades, detrás de tus acciones está ella; y, por último, esa idea que no era nada, que hasta hacía bien poco te acariciaba desde lejos, se apodera de tu corazón. Y entonces sí estás perdido, para bien o para mal, esa idea se queda a vivir contigo.
Puede que durante todo ese proceso hayas estado triste, ilusionado, escéptico o sorprendido; pero si de algo estoy segura es que has estado confuso, y cuando llega a tu corazón, el doble de todo.

Pero así son las cosas, así son las ideas que siempre nos rondan, a la caza de nuevas cabecitas pensantes. No te preocupes, es normal estar confuso, y te lo dice una experta en la indecisión que todavía no ha aprendido a hacerle caso a la idea hasta que ya está bien dentro.

Quién sabe… a lo mejor quien lea esto no sabe que la idea de todo esto ya está cerca, soplándole a la cara.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Nunca (Final)


Cuatro vientos, seis de la mañana. Miles y miles de personas cansadas después de una noche de tormenta y fuertes emociones. Comienzan a levantarse pesadamente, aún están medio dormidas. El frío se marcha con tranquilidad ante las luces del alba. De todas esas miles de personas, solo tres ya están completamente despiertas.
Las tres se han conocido sin darse cuenta, han adivinado mucho, aunque piensen que es poco; han cambiado sus vidas en solo unos instantes; han visto luz y esperanza, cada uno a su propia manera.
Ya no consiguen verse las caras, la multitud se lo impide; tal vez ya no recuerden cómo eran los rasgos de los otros dos; pero aquella sensación de sentirse formar parte de un momento único no lo olvidarán en mucho tiempo.
Y es que Christian nunca querrá dejar de ser ese Christian, alguien capaz de ver más allá de lo que los demás alcanzan a vislumbrar.
Marta se ha propuesto ser Cassandra, sentirse libre, querida, desinteresadamente feliz.
Y Jérome sin darse cuenta ha aprendido a ser Samuel, persiguiendo su propio paraíso hasta el último momento.
Ciertamente, eso es algo por lo que todos luchamos y por lo que no debemos rendirnos aunque tengamos todo en nuestra contra.
Nunca.
Aunque parezca que nada tiene sentido.
Nunca.
Aunque creas que a nadie le importas, que sin ti nadie perdería nada en su vida, nunca estarás completamente solo.
Nunca.

                                                                       FIN

martes, 9 de abril de 2013

Nunca (Parte 7).


                                                              Capítulo 5

Jérome abre lentamente los ojos y se mira las manos. Permanece así unos minutos, sin pensar en nada, como un cuerpo sin vida, como alguien que ha perdido las ganas de todo.
Tantea el bolsillo de sus pantalones para mirar la hora en su móvil, pero recuerda haberlo dejado ayer en la mochila para que no se mojara con la lluvia. Rebusca entre los trastos, papeles y guías del peregrino, sin éxito. Se maldice a sí mismo por haber sido tan irresponsable, cualquiera podría haberlo robado durante la noche.
De repente sus manos tocan un papel demasiado duro para ser propaganda. Lo saca, con desinterés, hasta que distingue el sobre y la letra redonda y cuidada con la que está escrito su nombre. Una escritura que le recuerda demasiado a la de la persona que le desvela cada noche.
Cada segundo le parece una eternidad mientras sus dedos temblorosos abren el sobre y desdoblan el contenido. Sus ojos leen ávidamente cada línea:

“Querido Jérome:
Aún me cuesta creer que me quieras, pero no porque no te crea, sino porque nunca pensé que te fijarías en alguien tan raro como yo.
Lo cierto es que me enamoré de ti la primera vez que me ayudaste aquel día en el puente.
Si no te respondí en aquel momento fue por miedo a empezar otra relación. Pero ahora estoy completamente segura.
Escondí esta carta en tu mochila mientras te despedías de los niños; espero que la leas cuanto antes, porque no quiero que sufras estando fuera.
Te quiere: Adriane.

Jérome lee la carta dos veces más, absorbiendo cada palabra escrita. ¿Se habrá quedado dormido mientras tenía los ojos cerrados? ¿Sería una broma de mal gusto de su mente?
Otra ráfaga de aire helado le convence de lo contrario.
Vuelve a buscar su móvil y esta vez lo encuentra a la primera, una broma del destino. Busca el número de Adrianne con rapidez y ni siquiera escucha los pitidos de llamada cuando alguien contesta:
-¿Sí?- la voz de su amiga suena malhumorada, la ha despertado.
-Adrianne- en la otra línea reina el silencio, pero la joven ha reconocido la voz al instante. Jérome piensa que se ha enfadado por llamarla a esas horas-. Siento haberte despertado pero es que yo…
-Estúpido…- le corta ella. Su tono de voz cambia de inmediato- Llevo dos noches sin dormir ¿Cuándo pensabas llamarme?
Jérome sonríe por primera vez en mucho tiempo. ¿Cómo no había visto antes el dichoso sobre?

                                                             Capítulo 6

  Marta se quita los auriculares, se siente observada. Mira a los lados y se percata de que no es la única despierta. Dos chicos, cada uno en una dirección distinta, la acompañan desde la distancia. Uno de ellos tiene una cabellera de rizos castaños, pero mira al suelo, así que se gira hacia el otro, que lleva solo una camiseta blanca, haciéndolo parecer aún más pálido. Marta deduce que debe ser británico. No puede saber con exactitud si había estado mirando, pero juraría verlo mover la cabeza hacia otra dirección justo cuando ella se ha dado cuenta de su presencia. Tiene la mirada perdida, no parece que se encuentre allí en ese momento. Un movimiento la distrae. Su amiga se mueve un poco y abre lentamente los ojos. Se sorprende al verla ya incorporada, móvil en mano. Le lanza una somnolienta mirada interrogante:
-¿Has dormido algo?- su voz es un susurro.
Marta la obsequia con una sonrisa franca y menea la cabeza.
Su amiga la acompaña unos minutos y luego vuelve a quedarse dormida.
Marta la mira unos instantes, con una tierna sonrisa. Teniendo amigos como ella, ¿a quién le importa perder unos cuantos peores?